La militarización que arrancó este fin de semana en parte de Barranquilla y el Atlántico, como medida para intentar frenar la crisis de los contagios por coronavirus, no ha hecho que se sienta más la cuarentena en la ciudad.

Al menos, esa es la foto por cuatro de los seis cercos sanitarios que se establecieron en los barrios barranquilleros con peores cifras, para controlar el cumplimiento del aislamiento preventivo obligatorio.

Por esos barrios (y en municipios del departamento), justamente, comenzaron a patrullar 400 hombres del Ejército y 30 de la Armada que vigilan que las personas sí estén en cuarentena y a los que no, los llevan a la Unidad de Servicios Especializados en Convivencia Ciudadana y Justicia (UCJ) durante 24 horas.

El alcalde Jaime Pumarejo, además, endureció las medidas a como estaban en marzo, al prohibir la atención a público del comercio no esencial, decretar toque de queda y ley seca todos los días y mantener un pico y cédula de dos dígitos. 

Pensar en esas duras normas contrasta cuando uno entra al barrio Rebolo, el que tiene más casos activos del virus en la ciudad: 176. 

Allí, lo primero que vemos, como a manera de bienvenida, es un partido de fútbol de unos muchachos, al aire libre en un campito. Y sin tapabocas.

Rebolo es una barriada popular, reconocida por sus aportes a la tradición del Carnaval y también por sus altos índices de delincuencia. 

Hace parte de la localidad Suroriente, que tiene históricos índices de pobreza, como lo evidencia un informe del Banco de la República, y donde el 38 por ciento de sus habitantes aseguró el año pasado haber tenido que dejar de comer una de las tres comidas diarias porque no había suficientes alimentos, según la encuesta de percepción ciudadana del programa Barranquilla Cómo Vamos en 2019.

El cerco sanitario que se instaló allí hace 12 días, como forma de controlar que las personas que salen estén en pico y cédula o verdaderamente lo hagan porque tienen que trabajar, consiste en unas tres cuadras con vallas sobre la carrera 23. 

Pero en ninguna vimos control de las autoridades. 

En un primer cierre, vimos había un policía a unos diez metros de las vallas y la gente entrando y saliendo sin ninguna restricción visible. 

Concretamente, vimos a un par de jóvenes que movían las vallas para sacar sus motos y a un par de niños que jugaban a su alrededor, algunos sin tapabocas.

En el segundo cierre por el que pasamos ni siquiera había policía. Sólo estaban las vallas puestas. 

En un tercer cierre de Rebolo, vimos hombres de la Policía y el Ejército, estos últimos eran cinco y estaban reunidos porque acababa de llegar el almuerzo que se disponían a comer con una gaseosa Kola Román para pasar el alimento y por el calor que estaba fuerte. 

Tres de ellos tenían el tapabocas mal puesto.  

Por las condiciones en las que están debido al alto contagio en estas zonas, los militares y policías están trabajan bajo el riesgo de que les pase lo mismo que a los soldados que el presidente Iván Duque mandó a Leticia y que lamentablemente terminaron contagiados.

El panorama de Rebolo no dista del que también observamos en a Ciudadela 20 de Julio.

Ese es otro barrio popular, importante porque ahí se encuentra el famoso estadio de fútbol Roberto Meléndez, el Metropolitano, en el que juega el equipo local Junior y la Selección Colombia. 

La Ciudadela es el barrio con más casos activos de la localidad Metropolitana (144) y limita con el municipio de Soledad, donde se han registrado 4.550 contagiados y 187 muertos. 

De los cercos que recorrimos este es el que tenía más vigilancia (en las tres entradas que vimos había siete policías y tres funcionarios de la Alcaldía) y no vimos entrada y salida de personas. 

No obstante, el incumplimiento de la cuarentena se podía ver apenas a pocas cuadras de esas vallas. 

Allí vimos a familias en terrazas, mototaxistas amontonados en esquinas, más partidos de fútbol callejeros, vendedores informales, fiestas de cumpleaños, niños corriendo. Casi todos sin el elemento de protección básico que es el tapabocas y sin mantener la distancia de dos metros. 

Todo esto en una ciudad en la que han muerto -a cifras de ayer- 449 personas por Covid-19 y se registran 9.250 contagios, solo superado por Bogotá que tiene cinco millones de habitantes más. 

Además, el brote está muy vivo porque del total de contagiados, el 67,1 por ciento tiene el virus activo. Mientras que en Bogotá ese mismo dato es del 53,4 por ciento, en Medellín del 54,4 por ciento y en Cartagena del 50,9 por ciento. 

Hace dos semanas que hicimos un recorrido similar y tuvimos la percepción de que ahora había más gente en la calle, pese a que las medidas de restricción son más fuertes. 

“Las medidas basadas en restricciones son poco sostenibles en el tiempo. La gente las acepta por un tiempo y después se agota”, nos dijo en ese sentido el epidemiólogo de la Universidad del Norte Julián Fernández. 

En el cerco del barrio Carrizal, el segundo barrio con más contagios en la localidad Metropolitana, un joven intentaba abrir las vallas que están en la carrera 5b para que un camión de carga pesada pasara sin inmutarse en los dos policías que estaban a un costado de la entrada. 

Los uniformados le dijeron que les tenía que pedir permiso y el joven hizo cara de no entender y señaló al camión.

“Por el otro lado”, le dijeron los policías. Probablemente se referían al otro lado del cerco, el que está por el lado del barrio La Sierrita (el mismo cerco cubre parte de los dos barrios). 

El mercado estaba abierto y con las vallas recogidas. Es decir, no había cerco en la práctica.

“Siempre lo abren después del mediodía”, nos dijo un taxista que transita a diario por el sector.

Allí en la tarde el flujo de personas es menor que en la mañana y la mayoría de locales ya están cerrados, pero en todo caso observamos bastantes personas, muchas sin tapabocas y sin distanciamiento. 

Además de la vigilancia, que como evidenciamos tiene deficiencias, la Alcaldía ha realizado actividades culturales y pedagógicas, ha entregado auxilios alimentarios para que las familias no tengan que salir y ha desinfectado terrazas y calles.

Aún así, claramente, el panorama en Barranquilla sigue pintando muy duro.