Historias

Los ánimos detrás de las protestas en los peajes

Café Caliente

Más de veinte personas pueblan el peaje de Ceballos. El peaje, congestionado de ordinario, estaba imposible a causa de las cornetas de los automóviles, el estampido de las tractomulas, de la irradiación de la carretera bajo el ardiente sol de febrero y de la multitud de mujeres y hombres que se niegan a seguir pagando por el uso de esa vía.

—¡No más peajes!

Dice Cynthia Castillo, enfática y risueña. Es ingeniera ambiental, pero trabaja en Uber, de 27 años, fornida, de cabellos rojo carmesí. Un día de estos cumplirá 28 años.

Foto/Café Caliente

—¿Y si no los quitan?

—Bueno, qué te digo. Siempre se ha sabido que los peajes aquí han sido un negocio que han beneficiado a unos pocos y que nos ha perjudicado a muchos. Entonces yo creo que de pronto una decisión de esta envergadura sería una pérdida suficientemente grande, por así decirlo, para el bolsillo de los que se han beneficiado. Nosotros el pueblo, por lo menos yo que vivo acá cerca; me veo perjudicada de que al momento de que siempre que voy a coger para mi casa, por obligación me toca coger peaje. Entonces no es justo que en la ciudad, habiendo tantas calles malas; habiendo tanta problemática… especialmente aquí en el barrio aledaño al peaje, se presentan inconformidades y problemas que no han tenido solución y que no van hacer solucionados por lo visto.

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Los peajes del Corredor de Carga de Cartagena volvieron a ser protagonistas del debate público en esta ciudad con la petición que el alcalde William Dau le hizo a la Concesión Vial de CartagenaSA para que no siguiera cobrándolos porque, según la Contraloría General, la Tasa Interna de Retorno de ese contrato se habría cumplido en 2015.

Desde entonces, los peajes ubicados en Manga, Mamonal y Ceballo, han sido escenarios de protestas ciudadanas apoyadas por el alcalde Dau y de desencuentros entre los trabajadores de la concesión y de cartageneros que se niegan a seguir pagando.

Esa concesión ya había estado en el centro de un torbellino político el año pasado, cuando la prófuga exsenadora Aída Merlano dijo que su principal promotor político, el empresario y megacontratista barranquillero Julio Gerlein Echeverría y uno de los poderes detrás de la concesión, pagó $3.000 millones para asegurarse así la extensión de ese contrato de concesión.

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Foto/Café Caliente

—¡Ya nos mamamos!

Eric, de cuarentaitantos, delgado, con el pelo corto, con el pelo entre cana, con la huella del bigote rasurado, el rostro delicadamente oval, la nariz como aquella águila, los ojos rasgados, gritando ante la multitud.

Foto/Café Caliente

—Esto va para largo…

—Sí. Es que mire la hora que es; casi cinco y treinta de la tarde… y cuando existían los peajes, que no debieron existir nunca, siempre había cola aquí, ahora tenemos tres carriles y mire que no hay siquiera una fila; no hay cola, todo mundo está transitando libre. Además, me afectaba económicamente. Yo al día transitaba aquí mínimo cuatro veces, cuatro mil pesos, eran catorce mil pesos diarios. Me resultaba menos para mis ingresos. 

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La concesión del Corredor de Carga, se trata de una iniciativa en manos del clan García Romero, pues en ella aparece el nombre de Iván García Romero, a través de la empresa Proyectos S.A. Se trató de la primera vía del país dentro de una ciudad que se paga con peajes.

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Foto/Café Caliente

Verdaderamente —dice un hombre joven, de vientre redondo, de unos veintesiete— estamos ya cansados de cruzar de un barrio a otro y que toque pagar un peaje. Segundo, que ya está vencido, porque eso es lo que sabemos; que está vencido el peaje. Entonces hasta cuándo, ya está bueno. Es hora de que Cartagena despierte, venga y apoye la causa.

Quizá con esto ya esté todo dicho; quizá, no todavía.

Quizá no, todavía.

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