Historias

El 21O fue un paso hacia otro 21N

La meta del movimiento social es repetir en un mes lo del año pasado. El primer día de paro nacional de 2020 muestra que no es tan sencillo.

Photo: Shutterstock

Las marchas del paro nacional muestran que el tiempo no pasa en vano: fueron más pequeñas y menos emocionales que las del paro nacional de hace 11 meses. Además, cerraron con una Plaza de Bolívar mucho menos llena, a pesar de que la situación social es hoy mucho más difícil.

Así como se repitieron las reivindicaciones (hubo más: por la dosis mínima, de antitaurinos, contra la violación de niños o el abuso policial…), el paro y las marchas de hoy las convocó el mismo comité del paro del 21N.

Son las centrales sindicales que declararon el primer paro nacional de 2020, el movimiento estudiantil y diversas organizaciones sociales.

Pero este paro quedó lejos del de noviembre de 2019, por la suma de varios factores.

Uno es la minga indígena, que acaparó atención y titulares las últimas semanas y marchó el lunes en Bogotá, y que hoy solo enviaron unos delegados a la Plaza de Bolívar. 

En 2019 estaban más frescos pues habían hecho una minga seis meses antes, no habían marchado en ella hasta Bogotá y así tuvieron más capacidad de prepararse y articularse al paro.

Por eso su peso fue más simbólico, de inspiración de los que salieron, que directo como en 2019, cuando sumaron personas a las marchas y la guardia indígena cumplió un papel de protección de las manifestaciones.

Esta vez lograron una victoria política al poner al país a hablar de ellos y al convertirse en símbolo incluso más allá de los marchantes, como vimos al estar en sus chivas y ver cómo salían espontáneos que no iban a marchar a aplaudirlos.

Pero eso tuvo el costo de darle menos relevancia a un paro nacional del que la Minga, de entrada, nació por aparte.

Otra ausencia que puede impactar es la del movimiento estudiantil organizado.

Si bien hubo estudiantes, eran mucho menos que en 2019.

Y sobre todo no era el movimiento organizado: no se veían pancartas tan grandes como las del año pasado ni hubo marchas de las dimensiones de la que el 21N intentó llegar al aeropuerto El Dorado.

La tercera particularidad es que la relación con la policía, que el 21N fue dura pues hubo choques en lugares con la avenida 26 con Boyacá. 

Ahora, después del asesinato de Javier Ordóñez por varios policías en Bogotá de hace mes y medio; de las protestas espontáneas, ataques a CAI y asesinatos de manifestantes por balas de policías en los días siguientes; y del tono claramente anti policía del 21 de septiembre, no hubo esos choques.

Varios manifestantes dijeron que la buena relación entre la minga y los policías, que nunca chocaron con violencia, ayudó, así como decisiones de la Policía misma.

Por último está el covid que, de arranque, llevó a que parte de las marchas fueran en carros, algo más propio de las movilizaciones recientes del uribismo que de los carnavales del año pasado.

Probablemente la pandemia explique que no hayamos visto tantos espontáneos como el año pasado, que el movimiento estudiantil no haya podido armar grandes convocatorias en los campus como en 2019 o que algunos espontáneos hayan preferido no sumarse para mantener el distanciamiento físico.

Esas diferencias que explican la menor convocatoria del 21O, sin embargo, no significan que la movilización social haya parado. 

O por lo menos no para los organizadores que se subieron a la tarima entre el mediodía y su desmonte a las 3:30, que han martillado una idea: falta un mes para el 21 de noviembre de este año, y la idea es repetir una convocatoria como la de 2019.

Que el 21O haya sido más grande que hace un mes es, para ellos, un paso adelante. Pero también muestra que a pesar del disparo del desempleo por el covid, la pandemia puede terminar debilitando y no fortaleciendo las marchas, por lo menos por ahora.

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