Historias

Desnutridos y con huesos rotos: así mueren los caballos en Cartagena

La muerte de 12 caballos la semana pasada en Cartagena sacó a la palestra pública un problema de vieja data en la ciudad: las condiciones ignominiosas a las que están constantemente sometidos los caballos.

17 caballos cocheros fueron atendidos de urgencia por médicos veterinarios de la Unidad de Municipal Técnica Agropecuaria —Umata— el pasado 24 de diciembre luego de presentar severos cólicos.

12 de los animales murieron y 5 se encuentran en recuperación.

Los animales, que no solo son sometidos a extenuantes y largas jornadas de trabajo a sol y sombra durante la temporada de fin de año, habrían sido alimentados con afrecho, lo que habría causado la muerte.

Tanto se ha dicho y escrito a favor y en contra de los caballos cocheros y usos semejantes, que no resulta fácil escribir algo nuevo que aporte al debate y contribuya, de algún modo, a la eliminación definitiva de prácticas que vulneran la vida de los animales.

Café Caliente hizo un recorrido por varios barrios de la ciudad donde hay presencia activa de caballos cocheros.

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Para sus dueños son bestias de carga, son instrumentos de trabajo. Por eso los golpean si se niegan a avanzar o peor aún si se resbalan con el pavimento. Muchos están desnutridos y buena parte de ellos presentan heridas visibles en sus patas, muslos, costillas, lomo o cuello. Algunas heridas son causadas por los golpes de sus amos y otras por las caídas constantes que sufren al caminar, ya que sus patas no son aptas para el concreto y sus huesos se rompen. Cuando ya no pueden más y los golpes no los reaniman son abandonados en el punto donde cayeron. A muchos ni siquiera les quitan la carreta. Mueren tirados desangrándose, con una pata rota o con severos cólicos, rodeados de basura, sujetados a un pedazo de lámina vieja. Para sus dueños, solo es un mal día, mañana conseguirán otro caballo para trabajar.

Sin descripción disponible.

Elizabeth, habitante de la Ciudadela 2000 y animalista, explica que aunque también han contabilizados burros, la mayoría son caballos. La jornada laboral de estos animales empieza a las 5 de la mañana y termina 12 horas después.

Elizabeth inició esta actividad formalmente en 2014, motivada porque a los 13 años vio cómo un recolector golpeaba a su caballo desfallecido en la puerta de su casa. Ella trató de ayudar al animal pero su papá le aconsejó no meterse en problemas con los recolectores. Años después desobedeció a su padre y comenzó su labor. En una ocasión tuvo que salir a toda velocidad en un carro porque varios de ellos la comenzaron a perseguir con pistola en mano. “Es una actividad riesgosa, pero es necesario que se haga algo para evitar el maltrato a los animales”, dice.

— ¿Por qué la gente prefiere rescatar perros y no caballos?

— Porque es más fácil y menos costoso, Yo empecé rescatando perritos de la calle, aún lo hago, tengo 11 en mi casa, pero vi que nadie hacía nada por los caballos.

Por la zona, en menos de media hora; hay cuatro carretas de basura jaladas por caballos y ningún camión recolector. Hay una que es guiada por tres jóvenes. El animal que la jala saca su lengua constantemente y cierra sus ojos cada que un bulto de desechos cae en la carreta. Entre sus muslos y costillas se ven varias heridas, la más grande mide unos 40 centímetros y muestra un color púrpura mezclado con blanco en un área carente de pelo, son toques de violeta, para evitar infecciones y ayudar a cicatrizar rápido.

Sin descripción disponible.

El extremo derecho de su cuerpo también está maltratado. Muestra lesiones cicatrizadas y algunas más recientes, en sus patas delanteras también se ve el color púrpura para disimular las heridas sufridas durante las extenuantes jornadas de explotación y castigos. Su mirada refleja la fatiga de su cuerpo. “Es que éste apenas me lo dieron”, responde la joven que lo guía cuando se le pregunta por qué si está tan herido lo trae trabajando. Al final se compromete a curar sus heridas, ante la advertencia de que si en los próximos días el animal no mejora, Elizabeth los denunciaría.

— ¿Cuál es el proceso para rescatarlos?

— Es complicado porque las autoridades no tienen la capacidad para retirar a todos los caballos que trabajan y nosotros tampoco. Hemos rescatado a varios, sobre todo los que ya se ven muy mal. Llamamos a la patrulla para pedir apoyo, pero nosotros mismos —junto con asociaciones de protección animal amigas— debemos de buscar un vehículo para trasladarlos, hacer todo el trámite jurídico para que queden a nuestro resguardo, luego buscar algún veterinario para sanar sus heridas y un terreno adecuado para su esparcimiento y, finalmente, canalizarlos a algún lugar donde los adopten, de preferencia aquellos que dan equinoterapias para niños o equitación.

— Y qué pasa con los dueños.

— A veces se les detiene y pagan una multa, otras se van y abandonan al caballo. Pero a nosotros no nos interesa afectar a las personas, sino proteger a los animales. En todo caso, los que sí deberían estar en el reclusorio son los líderes que ganan grandes cantidades de dinero con el sufrimiento animal.

Usar caballos para recoger basura es un delito que se comete todo los días tolerado por la policía. Los agentes solo actúan cuando Elizabeth u otros protectores les piden su apoyo. En Mandela, Córdoba y otros barrios pasa lo mismo.

Elizabeth ve lo que se aproxima.

“¿Cuál es el futuro de estos caballos?”, musitó. “En breve, esto será obsoleto. Debemos estar dispuestos a enfrentarlo”.

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