Historias

Las facetas de William Dau en la emergencia

Después de una campaña sin apoyo de casas políticas tradicionales, con el impulso de las redes sociales y la bandera anticorrupción como discurso, el veedor William Dau logró llegar al Palacio de La Aduana de Cartagena en el 2020. Su elección, que parecía improbable al enfrentarse con candidatos que tenían maquinaria electoral y más reconocimiento público en la ciudad, generó entusiasmo en una Cartagena marcada por la inestabilidad administrativa la última década. 

Desde el inicio de su mandato William Dau ha librado un fuerte pulso con los clanes tradicionales de la ciudad a los que venció en las urnas y que ahora están representados en el Concejo.  

Sin embargo, ahora su pelea política más fuerte la está teniendo con quien había sido su principal aliado en el Concejo: el primíparo concejal del MAIS, Javier Julio Bejarano, con quien se está enfrentando hasta con improperios.

La ruptura con él es otra evidencia de las dificultades que está teniendo Dau para gobernar y consolidar un equipo de trabajo, al que ya han renunciado seis altos funcionarios, varios en medio de discusiones públicas con el mandatario.

Son episodios que evidencian la personalidad política con la que el mandatario ha manejado la crisis por el covid.

Son varias facetas, que le han criticado, pero que en muchas ocasiones le han servido para fortalecer su popularidad y empujar logros de su gestión en la pandemia.


Papá Dau

En muchos de sus mensajes el Alcalde ha sido percibido como una figura paternalista que habla de “mi Cartagena” y “mis cartageneros”, “tu papá te quiere”, un papá “que protege, pero que también puede tener tintes autoritarios”, como comentó el analista Andrés Mejía.

Las ocasiones que ha sido percibido de esa manera son varias.

Cuando no solo fue personalmente a lugares comerciales del Centro Histórico a ver quién usaba y quién no el tapabocas, sino que él mismo se los puso para que aprendieran a usarlos bien (asumiendo además que ellos no sabían). 

En esta faceta el Alcalde se diferencia del presidente Duque, quien ha hecho un énfasis en que la ciudadanía tiene la responsabilidad de autocuidarse. El mandatario ha sido reiterativa en que el Estado es el que debe cuidar a la gente. 

Belicoso hasta con los suyos

Durante el 2020 se evidenció grietas entre Dau y su gabinete para tomar decisiones, lo que ha ocasionado la renuncia de nueve altos funcionarios. Y, además, Dau se peleó con su principal aliado en el Concejo. 

El primer rifirrafe lo tuvo en mayo, durante el pico de la pandemia, con el director del Departamento Administrativo Distrital de Salud (Dadis), Álvaro Fortich, quien expuso los problemas de articulación y de ejecución de la Administración. 

La hija de Fortich, Adriana Fortich, dijo que las razones de la salida de su papá fueron las veces que el Alcalde “se refirió en malos términos a él y a su trabajo”. Álvaro Fortich también dijo que el Alcalde no lo escuchaba y que en varias ocasiones le pidió que cerrara el Mercado de Bazurto (el mercado público más grande de la ciudad) o que ampliara el pico y cédula, pero no lo hizo. 

Por su parte, Dau dio a entender que la salida de Fortich se dio por su gestión, pues necesitaba a “alguien que ejecute, que ponga más camas UCI”.

En mayo también renunció la gerente de ciudad y hoy presidenta de Fenalco en Bolívar, Mónica Fadul, quien junto con Fortich y con Dau conformaban una gerencia tripartita para hacerle frente a la pandemia. 

Fadul argumentó “razones personales” a su salida, pero en su momento dos fuentes dijeron que su decisión se dio por un presunto distanciamiento con el Alcalde, pues Fadul sentía que no era escuchada.

Asimismo, la renuncia de la directora de Talento Humano, Martha Carvajal, influyó que en un principio Dau desacreditó el concepto que emitió respecto a que la asesora anticorrupción Lidy Ramírez no cumplía con los requisitos para el cargo. 

A su vez, el Alcalde tuvo una discusión pública con la directora de la Escuela Taller, Alexa Cuesta, por el manejo de los recursos de la institución. 

Dau también cuestionó públicamente al director de la ESE Hospital Local Cartagena de Indias que él mismo nombró, Rodolfo Llinas. 

Con el nombramiento de Llinás en mayo, Dau prometió que le quitaría el poder al grupo heredero de La Gata en la ESE y que acabaría con la tercerización laboral. Sin embargo, el mes pasado reconoció que no ha podido “moralizar la ESE” y cuestionó públicamente el desempeño del gerente pues no ha cumplido con los objetivos: “Hasta el día que me muera voy a estar arrepentido de haber nombrado al doctor Rodolfo Llinás como director de la ESE”.

En contraste con lo activo que se le vio peleando, su Administración ha tenido tropiezos y retrasos en varios proyectos clave para la ciudad.  

Con esa falta de articulación y liderazgo en el gabinete, la Alcaldía solo había ejecutado el 47 por ciento del presupuesto de inversión de este año (hasta principios de noviembre), lo que, como nos dijo el economista Jairo Parada, refleja serios problemas en la capacidad de gestión pública.

El Alcalde tampoco cumplió la promesa de dejar listos este año cinco centros de salud que quedaron inconclusos de la Administración de Dionisio Vélez en 2014. Dau cierra el año con otro chicharrón que no atendió a tiempo: escoger, después de 22 años, al nuevo operador de alumbrado público en la ciudad pues la concesión se acaba el próximo 4 de enero.

Como Alcalde electo Dau defendió la idea de abrir una licitación con una empresa internacional como garante del proceso. Sin embargo, en noviembre dijo que por la pandemia no hubo tiempo para abrir una licitación y que el contrato se entregará a través de un convenio administrativo (a dedo) a una empresa pública que se encargará del funcionamiento y la modernización del alumbrado público de la ciudad durante diez años. 

Y, a doce días de que venza el contrato con el operador actual, el Alcalde aún no ha escogido el nuevo operador pues está a la espera de que el Concejo apruebe las vigencias futuras por 464 mil millones de pesos para el proyecto, algo que es difícil porque -en medio de su total rompimiento con el Concejo- los concejales encargados presentaron una ponencia negativa ya que el proyecto no está incluido en el Plan de Desarrollo y los análisis de costos y tarifas tienen “grandes vacíos en el estudio técnico”.

Si el proyecto es rechazado, el Alcalde dijo que entregaría el contrato por un solo año y que eso no necesitaría pasar por el Concejo. 

Aún así le quedará pendiente solucionar la modernización del servicio de alumbrado público para la próxima década. Y también tendrá que resolver otros proyectos estructurales de la ciudad que este año quedaron paralizados, como el Plan de Protección Costera, el Plan de Drenajes Pluviales y la finalización de los puestos de salud.  

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