Columnas

El extintor

Lo dijo sin colorearse, con la seguridad propia que otorga el conocimiento, la vasta sabiduría, la superioridad intelectual, esa misma que atropella tan duro como uno de esos camiones que están atravesando en las carreteras del país:

  • La Fiscalía General de la Nación va a proceder a que los vehículos que estén obstruyendo vías públicas y que puedan afectar derechos de la ciudadanía, la Fiscalía va a ejercer la acción de extinción de dominio, y me voy a quedar… esta Fiscalía se va a quedar con los camiones en el marco de la extinción.

Vestía una chaqueta de esas que sólo usan los funcionarios de la entidad que van a terreno a poner el pecho. Flanqueado por dos banderas, al fondo se veían libros y más libros, la decoración de moda en el mundo entero desde que la pandemia nos obligó a vernos virtualmente. Supone uno que todos esos textos que están tan bien ordenaditos en los anaqueles los habrá leído, aunque no logré identificar si había alguno sobre extinción de dominio.

Y lo resalto porque -cuando comenzó su gestión- el fiscal general le presentó a los colombianos un récord académico difícil de igualar:

  • Yo soy una persona que probablemente tengo la mayor formación de personas de mi edad en este país, yo soy doctor, yo tengo dos maestrías, yo tengo una profesión, yo soy historiador, yo he escrito 10 libros, yo he sido profesor en más de 10 universidades en el mundo, 20 años de experiencia, he sido columnista, escritor.

No somos nada.

Confieso que lo que más me angustia de esa monumental hoja de vida es lo de escritor: ha escrito diez libros. Y pensar que Sábato sólo hizo tres. En fin.

Lo cierto es que nada de todo ese currículum tiene que ver con el derecho penal, por lo menos a profundidad. Tal vez eso explica por qué -a pesar de sus numerosos estudios, sus libros publicados, sus clases magistrales, sus conferencias dictadas y veinte años de experiencia (que me sonaron como a seis semestres en la San Marino)- haya dicho tan alegremente lo de extinguir el dominio a los dueños de los camiones atravesados en las carreteras, que -debemos recordarlo- tienen medio desabastecido al país. Y a quienes -en la misma entrevista con Semana- les advirtió:

  • Ya hay un grupo especializado de fiscales que está en las diferentes zonas determinando las placas, los propietarios y vamos entonces a proceder a la extinción de esos vehículos.

De ese derroche de conocimiento comenzamos a tener noticia el día que decidió darle clases de historia al país entero, diría que clases de historia a la historia, únicamente para defender una metida de pata de su jefe de la época, el presidente, que -en un discurso- agradeció a los padres fundadores de Estados Unidos su crucial apoyo para que Colombia lograra la independencia de España. Ni los gringos compraron esa tesis.

Y buscó y buscó en su vasto conocimiento hasta que encontró un par de datos y armó una extraña justificación que aún hoy la historia se niega a aceptar, pero que se salvó de seguir siendo cuestionada porque en este país, las metidas de pata son flor de un día y -rápidamente- todos nos olvidamos de la cerrada defensa del consejero, excepto el presidente, que es uno de los colombianos más agradecidos que hay en el país, como lo ha demostrado en estos larguisísimos dos años y nueve meses de gobierno, ayudando a sus amigos aún a costa de las injustas críticas por ubicarlos merecidamente en el servicio diplomático o en puestos donde varias veces lo han hecho quedar mal.

Ayer leí una carta* firmada por estudiantes de la Universidad Externado de Colombia, que piden al nuevo rector desvincular al fiscal quien es profesor en posgrados de Derecho, y a quien -entre otros argumentos- cuestionan por lo dicho sobre la presencia de estudiantes en las manifestaciones, la extinción de dominio de los camiones o el informe sobre la muerte de Dilan Cruz.

No menosprecien a esos estudiantes que esa facultad es de gran nivel, cuna de grandes penalistas, donde seguramente están más que sorprendidos con las revolucionarias tesis de uno de sus docentes: extinguir el dominio a unos camiones, atravesarse en el recorrido de un proyectil. No sé.

Ojalá la decisión del fiscal no coja vuelo (es una expresión popular, no estoy hablando de San Andrés) y -por el contrario- acepte el error. Aunque la renuencia de nuestros funcionarios a reconocer las equivocaciones es casi la norma, ojalá no dedique sus esfuerzos a encontrar en su vastísimo conocimiento alguna particular interpretación que le permita justificar su accionar, amparado en una famosa frase que ha hecho carrera entre los juristas: “sobre ese punto en particular, la jurisprudencia no ha sido pacífica”; lo que traducido a buen romance significa: así lo veo yo y punto.

Y entonces, ahí sí comenzará a preocuparme la suerte de esos camioneros y la de este país, porque apenas el fiscal cumpla por primera vez con esa amenaza, habrá puesto más leña en la hoguera de una sociedad que -en estos tiempos de intolerancia- espera de los funcionarios públicos, los que ostentan altos cargos, un mínimo aporte de tranquilidad, de sentido común.

Iba a ver Prevención y Acción pero me acordé que ya no lo están dando. Espero que no estén planeando la segunda temporada y les dé por regresar con una entrevista al fiscal explicando cómo diablos va a hacer para quedarse con los camiones que están protestando a punta de extinción de dominio.

Tanto criticar ese programa y ahora hasta me hace falta.

Nota: Esta columna regresará en dos semanas. Lo prometo.

*N. del A. Esta mañana me informaron que la carta donde se pedía al rector del Externado desvincular al fiscal como profesor de esa universidad fue retirada debido a que Recursos Humanos aseguró que -actualmente- el fiscal no tiene vinculación alguna con esa institución.

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