Historias

Pescadores en pausa

A pesar de lo que tenían pronosticado todos terminaron trabajando allá donde la vista se pierde, flotando a diario en esa línea horizontal e infinita que divide el agua del cielo. La razón, dicen los pescadores, son muchas razones a la vez, porque si en algo coinciden, es en que la única certeza cuando se vive en la costa es que cuando el agua llega, también se va.

Son pescadores, —muchos— hombres y unas pocas mujeres que trabajan sin uniforme, descalzos, con una jornada que es un vaivén al ritmo de las olas. Así viven, de lo que el mar les traiga o más bien de lo que logren sacarle a punta de redes. Pero en los últimos años la realidad ha cambiado, las especies han disminuido y lo más preocupante de todo: la ciénaga se seca.

El sector Paraíso del barrio San Francisco está desconocido: hay zonas donde el agua llega únicamente hasta los tobillos, y otras donde el panorama es tan crítico que prácticamente se están formando islas nuevas.

***

Muchos pescadores son desgarbados, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical están en sus mejillas. Sus manos tienen las hondas cicatrices que causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces.

—Va a llegar un punto en el que se podrá caminar desde la orilla hasta las islas que están en la ciénaga.

Felipe Fuentes es robusto, sus pies menos coriáceos. Tiene modos de jefe. Es presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio La María, sector Los Corales.

Tirarse al mar fue nada más cuestión de tiempo. Aprendieron a leer la luna y la marea, que en esas aguas se agarraba caracol, jaiba, langostino, chipi chipi, almeja, barbudo, sábalo, lebranche, róbalo, que se zarpaba muchas veces de madrugada y que con la pesca artesanal se trabaja hoy para comer mañana.

A veces alguien hablaba en un bote. Pero en su mayoría los botes van en silencio, salvo por el ruido de los remos.

—Toda la ciénaga se está secando. Ya no podemos pescar lo que pescábamos antes, hay cerca de 250 mil personas que vivían de lo que se sacaba aquí. Entonces le pedimos al Gobierno que no deje morir la ciénaga.

Dice Jaime Bohórquez, un hombre de voz grave y desafiante; presidente de la Asociación de Pescadores del barrio La María (Asopesmaría).

—Tenemos que defender la ciénaga en muchos aspectos —dice enfático Luciano León, miembro e la Asociación de Pescadores y Productores de Olaya (Asprolaya)—. Por una parte es el sustento alimenticio de los pescadores de la zona, y por otra es patrimonio histórico de Cartagena de Indias. Y es que las instituciones no han hecho nada por sacar adelante la situación de crisis en que se encuentra la ciénaga de La Virgen, hay una contaminación desastrosa y es lamentable que el Establecimiento Público Ambiental (EPA), el Ministerio de Ambiente y toda la institucionalidad no hayan hecho algo por solucionar este problema y tratar que los pescadores participen en las charlas y en la intervención que la ciénaga necesita.

***

El sol se levantó tenuemente del mar y podemos ver otros botes, bajitos en el agua, y bien hacia los manglares. El sol se tornó más brillante y su resplandor cayó sobre el agua.

***

Algunos dicen la mar. Así es como la llaman en español cuando la quieren. A veces los que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una mujer. Algunos de los pescadores más jóvenes, los que usan boyas y flotadores para sus sedales y tienen botes de motor comprados cuando los hígados de peces grandes cotizan muy altos, emplean el artículo masculino, le llaman el mar.

La palabra mar es de género ambiguo: el mar, la mar. Tiene sentido porque puede ser tosco y fuerte, ser dócil y suave, ser letal, ser amarga, ser generoso. A fin de cuentas, puede ser hombre, mujer, puede ser muchas cosas, tantas cosas, todas las cosas, menos una: el mar, la mar, nunca será tierra firme.

Pescadores en pausa
Click to comment

Popular

To Top