Historias

Pabla Flóres: cantar para sanar

La mejor y más grande herencia que me dejó mi madre fue el bullerengue, un canto sanador.

Café Caliente

Una de las últimas veces que se vio estaba en Cartagena y contaba 34 años. Usa ropa colorida y amplia —blusa, falda, turbante, capas de telas superpuestas—, el pelo negro chifón, los zapatos plateados. Se come las uñas, pero no se nota porque se hace la manicura. En las fotos de juventud se la ve, siempre esbelta y corpulenta. En los últimos años, la artista se ha llenado de gestos contemporáneos: faldas largas con zapatillas plateadas, camisas de lana de texturas brutales, anteojos de sol excéntricos; redondos y grandes, el marco una filigrana de metal.

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Pabla Flóres, conocida como ‘La Payi’, fue nominada en la categoría Música y Artes de Afrocolombianos del Año, distinción que otorgan El Espectador y la Fundación Color de Colombia, por dos álbumes: Concierto Pal Mundo y otro denominado Pedagogía + Cultura.

Concierto Pal Mundo recoge algunas de las presentaciones en vivo que realizó Pabla Flóres y que muestran temas de la tradición como el Pal Lereo Pabla, que también es el nombre de su grupo.

Pedagogía + Cultura es un trabajo de investigación y también de rescate de manifestaciones culturales relacionadas con los juegos infantiles que se hacían en María La Baja en los tiempos en que no había luz. Los juegos se realizaban al son del tambor, al son del bullerengue.

Este busca, a través de las grabaciones, poder transmitir las enseñanzas y valores que están marcados por la música afro. Pabla afirma que el bullerengue debe ir a las instituciones y convertirse en escuela.

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—Quise exponer los bullerengues que he compuesto y que el mundo conozca a Pabla Flóres González, ‘La Payi’, a través de sus canciones bullerengueras.

Usa teléfono móvil, aunque probablemente solo lo comparta con amigos: para contactarla hay que llamar a su teléfono fijo de siete a siete y media de la mañana. Siempre atiende.

—Si me encuentran ahí, bien. Si no, perdidos.

Buena parte del día se ocupa de cuestiones relacionadas con su oficio, y de escuchar a otras artistas jóvenes que le envían sus obras desde diversos fragmentos del país.

—Me las mandan para ver si está bien lo que han creado, si no.

—Y si no le parece que sea una buena creación… —pregunto.

—Algunos continúan, otros no.

—Es un trabajo…

—Horrible. Pasa que uno encuentra una buena, y compensa. En general las escucho en el patio, porque en la parte principal de mi casa empieza el teléfono a sonar. Nunca estoy ahí. Primero, porque si la gente me ve, me agarra y no puedo trabajar. Y aparte yo sé lo que me exijo, y no lo puedo exigir. Porque no es humano. Para evitar los roces, prefiero que cada uno esté haciendo lo que quiere, y yo también. Libre.

—¿Ese ritmo siempre fue así?

—Siempre. Uno va acentuando aquello con lo que nació. Uno no cambia. Por eso salgo todas las noches con amigos.

—¿Son amigos del mundo de la cultura, del arte?

—De todo un poco. Son amigos de toda mi vida.

Se hace un silencio largo durante el cual sorbe una taza de café. 

Las historias son cuadros sin espesor, trozos escogidos para saciar la intriga de quienes se asoman a una intimidad por la que no debe preguntarse.

—Hice este álbum porque es algo que se va a llevar pedagógicamente en las instituciones para que los niños aprendan el bullerengue a través de los juegos y rondas tradicionales, como yo lo hacía de niña.

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En Pabla Flores se concentran más de 10 años de trabajo ligado estrictamente a una raíz ancestral que es su madre, ‘La Yaya’. La canción Pal Lereo Pabla surge cuando Jhonny Rentería, su compositor, se dio cuenta de que Pabla lereaba y que lo hacía siguiendo los pasos de su madre Eulalia.

El lereo dentro del bullerengue es una de las manifestaciones y expresiones creativas más importantes.

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—Si el bullerengue sentao no se lerea no es bullerengue sentao, es una conversación cantada. Yo aprendí de mi mamá que el bullerengue se adornaba con el lereo y eso es lo que le da el punto.

Dice, con sus brillos de oro en las mejillas y los ojos bajos. Después hundió la cara entre las manos, se restregó la cara y pareció despertarse de repente:

—La mejor y más grande herencia que me dejó mi madre fue el bullerengue, un canto sanador.

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