Por medio de varios comunicados a través de colectivos feministas como Blanca Villamil y La Errática (ver aquí y aquí ), algunas mujeres militantes y exmilitantes de la Juventud Comunista -JUCO- y el Partido Comunista Colombiano -PCC- denunciaron los distintos abusos por parte de hombres que integran dichas organizaciones.

Y es que desde siempre nos venden la idea de que pertenecer a organizaciones de izquierda, es garantía y respaldo para la lucha por nuestros derechos, ignorando u olvidando que la principal bandera es la conciencia de clase y que tal vez es eso lo único importante para los agresores que, al parecer, siguen viendo a la mujer como objeto sexual, al igual que otros movimientos de derecha (de los que no se espera otra cosa).

Pero este no es un debate de ideologías, vayamos a los hechos. Es inquietante y bastante repudiable observar el silencio y/o la complicidad de estas organizaciones con los agresores tal como lo evidencian en sus comunicados, dando a entender que es preferible aislarlos de las víctimas antes que tomar medidas drásticas y legales, lo que me hace deducir que se les hace difícil juzgar a jóvenes que son “piezas claves” dentro de estos movimientos.

A raíz de esto, Brianny, militante de la JUCO, expresa que “es una tarea dura, pero como mujeres militantes que somos no podemos renunciar en estos momentos, es una tarea dura y la estamos enfrentando con total valentía. Confiamos en un proyecto político y no vamos a permitir que estos casos sigan sucediendo”, sus palabras me hacen pensar que además de un trabajo arduo, existe la posibilidad de enfrentar también actitudes machistas que le triplican dichos trabajos.

Dos de los denunciados son estudiantes de la Universidad de Cartagena: Jesús Barrios y Daniel Quiroz. En la denuncia de Barrios, la víctima especifica que “siento que la JUCO y el PCC ha sido un lugar llenos de violencias y peligro para sus militantes mujeres que esperan encontrar en ella la posibilidad de un mundo diferente y terminan siendo violentadas, acosadas y peor aún, negadas y minimizadas cuando deciden denunciar a quienes dicen ser sus camaradas”, esto, como una pequeña parte del suceso doloroso que vivió por él.

Por otro lado está Daniel Quiroz, otro udeceista denunciado por Ingrid López Moreno quien expresa que “lo denuncié hace casi un año en dicha ruta (VBG Violencias Basadas en Género) y nunca pasó nada hasta que decidí renunciar a la organización. No me ofrecieron garantías de ningún tipo para seguir militando, no es mi deseo hacer parte de una organización que me condena a convivir con mi agresor”, por lo que Britanny señala que “la dirección actual no se puede hacer cargo de la inoperancia de la anterior dirección, la cual no solo al caso de Ingrid no le dio trámite sino a otros más casos que se están trabajando desde que la actual dirección está a cargo”.

Tomé la iniciativa de escribirle a Ingrid para conversar, no sobre lo sucedido porque comprendo que es doloroso, pero si sobre dos cosas: primero, lo que la motivó a denunciar y segundo, lo que, desde su experiencia, le aconseja a las mujeres que aún no han denunciado.

“Yo decidí denunciar el día que una mujer que quiero mucho denunció al mismo sujeto que me había agredido anteriormente. Me dolió mucho porque quería olvidar todo y me dio el carácter de decirles a todos que él no era un buen sujeto”, expresa Ingrid, y añade que “si llegan a pasar por una de estas situaciones nunca teman en denunciar, siempre tendrán el apoyo de las mujeres. Si es necesario quemar o romper para ser escuchadas, siempre estaremos firmes porque la lucha no es solo por nosotras sino para que nunca hayan más en nuestra situación. Que no se traicionen a sí mismas, crean siempre en lo que sienten, en las señales de su cuerpo aunque las agresiones no sean únicamente físicas”.

Para concluir, cada vez son más las mujeres que denuncian, pero al mismo tiempo las que no. A todas ellas les digo que griten, alcen la voz, ninguno merece el silencio aunque sea un “camarada”.