Reportajes

La paz asediada en Ituango

Desde ayer en la tarde, en una caravana de chivas, buses y camiones, 60 reincorporados de las antiguas Farc con sus familias abandonaron el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, Etcr, de Santa Lucía, una vereda que queda a hora y media del casco urbano de Ituango, al norte de Antioquia. 

Este es el primero de los 24 Etcr del país que se traslada con la coordinación del Gobierno Nacional y el partido Farc; y la razón principal es el riesgo que corren, pues el espacio está ubicado en toda la mitad de una ruta estratégica de rentas ilegales que se pelean las bandas el Clan del Golfo, los Caparros y las disidencias del antiguo Frente 18 que operaba en esa zona. 

El destino es Mutatá, un municipio a ocho horas de Ituango, en la subregión del Urabá antioqueño. En total, contando las familias de los reincorporados, son 94 los que van a llegar hoy, además de las gallinas, vacas, burros y caballos que se llevaron con ellos, a un predio de 137 hectáreas que arrendó el Gobierno con compromiso de compra. 

Ese traslado, aunque abre la posibilidad de que los exfarianos puedan adelantar su reincorporación en un lugar más seguro y con espacio para sacar adelante los proyectos productivos, también revela la crisis de un municipio que fue controlado por las Farc antes de que dejaran las armas y que hoy se pelean los ilegales, sin que el Gobierno lo impida hasta ahora. 

Algo parecido sucedió en los municipios Miranda, al norte del Cauca, y en Uribe, Meta, donde también los exguerrilleros se desplazaron por amenazas de grupos armados; lo que ratifica que además de las dificultades de la reincorporación de Farc, la paz sigue sin llegar a varios territorios.

El municipio que deja Farc en medio de la guerra

De los 214 reincorporados que han asesinado desde la firma del Acuerdo de La Habana, 12 hacían parte del Etcr de Santa Lucía, Ituango, que acaba de abandonar Farc. A uno de ellos lo mataron en el mismo espacio, y al resto en la vía que los conecta al pueblo y en lugares aledaños.

Según información oficial del partido Farc, este es el Espacio en el que más les han asesinado integrantes de todo el país. 

Pero no han sido solo muertes.

De los 239 excombatientes que se instalaron en el Etcr en un principio, solo quedan 60 que decidieron trasladarse a Mutatá y otros siete que prefirieron, por voluntad propia, quedarse en Ituango con sus familias. 

El resto, alrededor de 190, se ha desplazado de a poco, por amenazas directas y por miedo luego de algún asesinato; como ocurrió en diciembre pasado cuando mataron a Manuel Antonio Benítez, el hijo del excomandante del Frente 18 y líder del partido en Antioquia, que se llama igual. 

Por lo menos cien reincorporados de Ituango están en Medellín en este momento y los otros están regados en municipios cercanos. 

Eso muestra la situación compleja que vive Ituango, y especialmente la vereda Santa Lucía que hace parte de una ruta estratégica por la que los ilegales pasan sí o sí para transportar base de coca, minería ilegal y armas. 

Esa ruta va desde los límites de Ituango con Tarazá, zona roja del Bajo Cauca que está en guerra hace más de dos años, hasta Peque, en el Occidente Antioqueño, que conecta al Norte con la salida al mar de Urabá. 

Por esa ruta se movía el Frente 18 de las Farc antes de dejar las armas, y desde que firmaron el Acuerdo y abandonaron los campamentos, empezaron a tomársela el Clan del Golfo, los Caparros (que desde hace dos años rompieron un pacto que tenían con el Clan y están matándose entre ellos) y las disidencias de ese Frente. 

Según un reincorporado que conoce de primera mano la situación, en los últimos meses “ya era más claro que el Etcr le estaba estorbando a los dos actores, sobre todo a las disidencias, que estaban presionando para sacar a Farc de ahí”, nos dijo por fuera de micrófonos. 

Eso, en parte, por la presencia permanente de por lo menos 200 hombres del Ejército y otros 200 policías que hacen parte del anillo de seguridad que deben tener todas las zonas de reincorporación de exguerrilleros.

Si bien esa disputa entre armados, que también ha generado desplazamientos en otras veredas, muertes a líderes sociales y retrasos en el programa de sustitución de cultivos Pnis, se siente desde el 2018, en el último semestre aumentó en términos de tensión. 

En parte por el llamado Plan Mil que está adelantando el Clan del Golfo, con el que se espera la llegada de mil hombres desde el Urabá, Chocó y Córdoba al Norte de Antioquia. La idea es tener control total de la ruta y sacar a las disidencias de Farc. 

El plan lo han confirmado medios, expertos y fuentes de inteligencia del Ejército, y según nos contaron por aparte dos campesinos de Ituango, en el pueblo ya se empezó a sentir, “son paramilitares y nosotros lo sabemos, hay mucho miedo y muchos ya se empezaron a ir porque saben lo que viene”, nos dijo uno de ellos quien nos pidió no mencionar su nombre por seguridad. 

Prueba de eso es que, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, Ocha, entre Ituango y el sur de Córdoba, van más de 2.500 desplazamientos este año.

A finales de enero, luego del asesinato de un reincorporado de Santa Lucía llamado César Darío Herrera, Farc le anunció al Gobierno que aceptaba irse de Ituango y buscar otro lugar; una propuesta que la Agencia para la Reincorporación y Normalización ARN les había hecho desde mediados del año pasado. 

“No queríamos irnos de Ituango por el arraigo, la mayoría somos de acá y era el Gobierno el que debía asegurarse de ocupar los espacios que dejamos y de darnos seguridad”, nos dijo Manuel Antonio Benítez, excomandante del Frente 18 y líder del partido en Antioquia, quien explica que no les quedó de otra que desplazarse. 

Pero, mientras ellos tienen la posibilidad de irse y seguir recibiendo los beneficios del Etcr en Mutatá (como alimentación, oferta institucional y mantenimiento), atrás queda un pueblo en medio de la guerra que teme que con la ausencia de Farc sean más invisibles para el Gobierno.

Y es que en algunos casos la misma comunidad de la vereda Santa Lucía llegó al Etcr buscando protección, como pasó en mayo cuando por medio de un panfleto un grupo armado sin identificarse amenazó con desplazar a la población si la Fuerza Pública no abandonaba la zona. 

En esa ocasión, alrededor de 90 civiles llegaron hasta el Espacio porque por los anillos de seguridad que tienen allí, se sentían más protegidos. “Ahora que se van no sabemos si se va a mantener la presencia de la Fuerza Pública”, nos dijo una habitante de esa zona que siente que la salida de Farc los deja en riesgo. 

El Gobierno, según dijo el alto consejero para la estabilización Emilio Archila en rueda de prensa, se comprometió con el alcalde de Ituango Mauricio Mira a terminar de mejorar la vía que conecta a la vereda con el municipio; y según nos dijo la ARN, continuarán la implementación de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial Pdet. 

Pero hasta ahora en Ituango no está andando ningún proyecto Pdet, es el municipio de Antioquia donde el programa de sustitución de cultivos Pnis está más atrasado y no se salva hasta ahora de la guerra que se vive en el Bajo Cauca.

La promesa de Mutatá

Ante la imposibilidad de permanecer en Ituango, los reincorporados fueron los que decidieron trasladarse a Mutatá, no solo por la disponibilidad de tierras sino porque a menos de diez minutos, en la vereda San José de Leones, están alrededor de 40 exfarianos liderados por Rubén Cano ‘Manteco’, el excomandante del antiguo Frente 58, simbólico excombatiente de las viejas Farc. 

Ese espacio, que el Gobierno llamó Nueva Área de Reincorporación, NAR, lo consiguieron ellos mismos a mediados de 2018, cuando decidieron abandonar el Etcr de Gallo en Tierralta, al sur de Córdoba, porque la tierra no era productiva, no tenían muchas opciones de sacar adelante sus proyectos ahí y porque estaban rodeados de bandas criminales.

Juntaron los ahorros, el auxilio de 2 millones 600 mil pesos que les dio el Gobierno a cada uno, y compraron un lote de 21 hectáreas, construyeron sus propias viviendas, vías de acceso y arrancaron con proyectos productivos de piscicultura y gallinas ponedoras de huevos. 

Por ahora, ellos van a recibir en ese espacio a las mujeres y niños que llegan de Ituango, mientras que los hombres se van a instalar en carpas en el predio que les arrendó el Gobierno.

La ARN y la Gerencia de Paz de la Gobernación de Antioquia dijeron que, en principio, instalarán unas viviendas temporales, mientras se concreta la compra del predio este año y se adelantan estudios con el Ministerio de Vivienda para la construcción de las casas definitivas, con recursos del Gobierno y de la Unión Europea. 

Ese proceso, según la ARN, podría tardar entre un año y año y medio, y ya se cuenta con un recurso de 300 millones de pesos del Gobierno Nacional para hacer los estudios de prefactibilidad del terreno. 

Mientras tanto, los recién llegados van a empezar a gestionar el proyecto productivo de ganado que ya habían iniciado en Ituango pero que, con el traslado, tuvieron que parar. La idea es volver a comprar otros animales que se adecúen al nuevo clima y los insumos que necesiten. 

Otro punto a favor, además de tener al lado al grupo de ‘Manteco’, es que también están cerca de alrededor de 130 exguerrilleros asentados en el municipio vecino Dabeiba, a quienes a finales del año pasado empresarios de Proantioquia les regalaron 270 hectáreas para apoyar la reincorporación en esa zona.

Por eso, según nos contó Gustavo López, ‘Agustín’, encargado del Etcr de Santa Lucía, es probable que en las próximas semanas comiencen a llegar allí varios de los reincorporados desplazados de Ituango que están viviendo ahora en Medellín y en otros municipios. 

Incluso, los siete reincorporados que decidieron quedarse en Santa Lucía, “si la situación de seguridad no mejora y la presión allá es mucha, es probable que tengan que llegar a Mutatá”, nos dijo el líder de Farc Manuel Antonio Benítez. 

Por ahora, con los que quedan allá y desde Mutatá, van a tratar de mantener el proyecto productivo de Café Paramillo, que comercializa café cultivado en Ituango, y el de instalación de internet, que funciona desde el casco urbano del municipio. 

Así, arranca una nueva etapa de reincorporación en Antioquia con expectativas, lejos de Ituango, un pueblo que se mantiene en la racha de violencia y a la espera de que la paz y el desarrollo que les prometieron a sus habitantes con el Acuerdo de Paz, les llegue.

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