Reportajes

Vivir en casas improvisadas y sin empleo: los rostros de la debacle de la economía

En momentos en que el presidente Iván Duque anuncia que el confinamiento obligatorio irá en el país hasta el próximo 30 de agosto, con lo cual Colombia tendrá, al menos en el papel, pues existen extensas excepciones, una de las cuarentenas más largas del mundo por el covid; lo que repone el foco sobre la calidad de las viviendas en las que millones de colombianos pasan su aislamiento.

Materiales precarios de construcción, espacios pequeños, hacinamiento y falta de servicios públicos no solo vuelven más duro el aislamiento, sino que ponen en riesgo la salud de familias para las que incluso lavarse las manos, la medida más básica de prevención del contagio, puede ser imposible.

Una realidad que en plena pandemia las hace más vulnerables, como lo han mostrado estudios como el del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que plantean que vivir en casas con pisos de tierra o sin acueducto incide en la propagación de enfermedades pulmonares.

1 de 4 colombianos está pasando la cuarentena en viviendas con condiciones deficientes. Según datos del Ministerio de Vivienda.

Las viviendas son deficientes ya sea porque están construidas con materiales precarios, no cuentan con servicios públicos o viven en hacinamiento. O todas las anteriores. A esas condiciones se les llama ‘déficit cualitativo de vivienda’. El 57 por ciento de las casas rurales, según MinVivienda, tienen esas condiciones; la cifra en las ciudades es del 18 por ciento.

Otras viviendas presentan daños estructurales que pueden ser reparados, pero no hay recursos para hacerlo, o no tienen servicios públicos constantes. A esas condiciones se les llama ‘déficit cuantitativo de vivienda’. 

Hace 15 años no hay un censo cualitativo de las viviendas del país. Según nos dijeron en el MinVivienda, en los próximos meses (si la pandemia deja) habrá una actualización de ese censo.

Los datos más actualizados que tiene el Gobierno muestran en departamentos como Vichada, Chocó y Amazonas, más de la mitad de personas viven con déficit de construcción.

Pero en departamentos más poblados, como Antioquia, Bolívar, Bogotá, Córdoba, Valle del Cauca, Cundinamarca, Nariño y Magdalena, es donde vive la mayoría de personas del país que tienen déficit en sus viviendas.

En López de Micay, Cauca, como en otros lugares con altos índices de pobreza y asentamientos informales, hay familias que dependen de los materiales que logran rebuscarse para hacer sus casas.

Defensoría del Pueblo insiste en traslado de Villa Corelca ...

“La mayoría de viviendas son construidas en madera y techo de zinc, las familias son numerosas y dadas las condiciones de la gente, el poco acceso al trabajo, hay gente que duerme en piso de tierra o madera. Y personas que no alcanzan a tener unas paredes porque no tienen para conseguir tablas o ladrillos”, Padre Ariel Viáfara, vicario iglesia López de Micay.

A eso se suma: ni siquiera tienen alcantarillado.

Los barrios y sectores sin alcantarillado en Cartagena | cartagena ...

Pero a esto se suma otra crisis.

La pandemia ha deteriorado los salarios de los trabajadores y trabajadoras, quienes envían menos plata a sus hogares. Esto podría generar un aumento de la pobreza en varias partes del mundo, de América Latina al sur de Asia.

***

Durante más de una década, Eduardo Tafur ha compartido con su madre, quien vive en Medellín, el dinero que ha ganado en un bar y le ha enviado de manera periódica la suma que le permitía comprar sus medicamentos.

El mes pasado, el flujo se revirtió. Su madre de 82 años le envió dinero para que pudiera pagar sus cuentas.

Cuando le subió la fiebre y le dio una tos persistente en medio de la pandemia de coronavirus, Tafur de 52 años, ya no pudo ingresar al bar donde trabajaba como mesero. Así que su madre usó su pensión, obtenida gracias a toda una vida como trabajadora textil, y le envió dinero a su hijo.

“Son épocas muy difíciles”, comentó. “Estoy perdido”.

Como el coronavirus paralizó las economías y ha originado desempleo, las personas que estaban acostumbradas a cuidar a sus familiares han perdido sus ingresos, lo que las ha obligado a depender de quienes han dependido de ellos.

***

En otro lado de Villa Corelca, la familia Campillo usaba el dinero que Edgardo ganaba trabajando como cocinero en un restaurante de sopa y sándwiches para construir una casa nueva. Edgardo ganaba unos 500 mil pesos al mes.

Este dinero resultó ser indispensable en el momento en que la pandemia dejó sin empleo a sus tres hermanas. Cuando tuvieron que hospitalizar a su madre —tal vez con covid— él se hizo cargo de los gastos.

Pero en marzo, con la suspensión de actividades en el Centro Histórico, Edgardo perdió su empleo. Cuando murió su abuelo al mes siguiente, no pudo enviarles dinero para su funeral y eso le causó un profundo dolor. Solía hablar con su familia cada dos o tres días, pero ya no puede soportarlo y se ha retraído en su aislamiento y soledad. No les ha contado que perdió el empleo.

“Mi familia me necesita”, afirmó.

Edgardo se levanta a las 5:30 a.m. todos los días y sale a buscar trabajo en la construcción o empleos temporales como albañil, pero casi siempre regresa a casa con las manos vacías. “No encuentro nada”, señaló.

Click to comment

Leave a Reply

avatar
  Subscribe  
Notify of

Más leído

To Top