Reportajes

Radiografía de la violencia contra las personas trans

Foto: Suministrada

La muerte en Bogotá, el pasado 29 de mayo, de Alejandra Ortega ‘Monocuco’, una trabajadora sexual trans de Magangué que al parecer tenía covid y que aparentemente no recibió atención médica cuando informó que era portadora de VIH; el acoso policial del fin de semana pasado por seis horas a Emma Hidalgo, otra mujer trans, cuando intentaba entrar al Metro de Medellín.

Son dos casos recientes que mencionan organizaciones de defensa de los derechos de los trans (personas cuya identidad de género es diferente a su sexo asignado) para evidenciar los padecimientos y vulnerabilidades que está viviendo esta comunidad en tiempos de pandemia por coronavirus.

La violencia, sin embargo, según los mismos detalles que dan en estos colectivos e individualmente algunos trans, es apenas la punta del iceberg de una situación más dramática, que no es nueva, pasa por limitaciones para acceder al sistema de salud y tiene la complejidad de que no todas las cifras para hacerse a una idea están actualizadas o unificadas.

El drama de la violencia

La situación de los trans en pandemia comienza, como lo ha hecho desde hace muchos años, por la violencia y discriminación que a muchos les toca padecer.

Según tres colectivos trans que consultamos para esta historia, uno de los momentos críticos en esta época de confinamiento se evidencia en la medida de ‘pico y género’ que, desde el pasado 13 de abril y hasta el 11 de mayo, impuso en Bogotá la alcaldesa Claudia López.

Para controlar la salida de personas por la ciudad, la medida fijaba los días impares para que salieran los hombres y los pares para las mujeres, y decía que las personas trans podrían circular según su identidad de género.

Pero la decisión no fue bien recibida entre organizaciones trans por varios argumentos. 

La Fundación Grupo de Acción y Apoyo a Personas Trans (GAAT), una de las más visibles de la ciudad, dijo que el pico y género abría la puerta a situaciones de abuso policial, pues, como la identidad de muchas personas trans se sale de una norma binaria, dejaba en manos de la Policía hacer el perfilamiento de si podían salir o no.  

El temor no es infundado. Responde a que estudios han visto a esta institución como una de las que más ha ejercido violencia en contra de la población LGBTI.

Las cifras, sobre los uniformados y en general de violencia, varían y han sido recogidas por varias ONG reconocidas. 

En una encuesta publicada en 2009 que hizo la Universidad Nacional y Profamilia, se mostró que el 78 por ciento del abuso policial cae sobre la población LGBTI. 

Simón Uribe, reconocido activista trans, aseguró en un foro sobre identidad trans y violencia policial, el 23 de julio pasado, que la violencia contra ellos ha aumentado durante la pandemia y que se han registrado dos asesinatos de trabajadoras sexuales trans prácticamente cada semana. 

Por su parte, Colombia Diversa, una de las más grandes organizaciones que promueve la defensa de los derechos de las personas LGBT en el país, tiene un Sistema de información de violencia contra personas LGBT en Colombia. 

Lo consultamos y registra ocho homicidios contra personas trans desde el mes de marzo Vs. cinco en los mismos meses de 2019.

La Red Comunitaria Trans -que nació en 2012 en Bogotá y trabaja desde el Barrio Santafé por visibilizar las situaciones de injusticia de las personas trans en contextos de marginalidad y violencia- nos habló de otros 25 casos, en Bogotá, de violencia en supermercados y establecimientos porque no los dejaban entrar y cuatro hechos de violencia policial en el marco de la medida.

Para Juli Salamanca, la directora de Comunicaciones de la Red, el problema, al menos en Bogotá, es que la Alcaldesa le ha dado todo el poder a la Policía para que sean ellos los que perfilen y lleven el trato con las personas trans.

Por su parte, la Alcaldía dispuso de una Línea Diversa a la que pueden llamar personas LGBTI, la cual ofrece atención psicosocial y remite a los servicios sociales del Distrito. Y durante la pandemia estuvo entregando mercados junto alcaldías locales, como Mártires, en jornadas de entrega a 410 personas en un caso, y de 173 ayudas monetarias en otro.  

Ahí en el Distrito tienen sus datos y no creen, contrario a lo que aseguran las ONG y varios activistas, que la violencia contra los trans haya aumentado en pandemia, al menos en Bogotá.

Así lo aseguró David Alonzo, el nuevo Director de Diversidad Sexual en la Secretaría de Planeación Distrital: “La pandemia no nos permite ver un aumento en casos letales o de muerte violenta durante la pandemia si se compara con el año pasado, por ejemplo”, nos dijo.

En sus registros no tienen a ninguna persona trans asesinada en Bogotá durante la pandemia, y dice que le reportaron nueve casos de vulneración de derechos a personas trans en establecimientos comerciales y uno más de abuso de autoridad por parte de un Policía.

Aunque admite que sí hubo casos en otras ciudades del país, como en Medellín, donde han muerto cuatro personas; la Fundación Paz y Reconciliación habla de siete casos de homicidio contra personas trans todo el país e incluye a Alejandra Ortega entre ellos, aunque no se trató de un homicidio. 

Alonzo agrega que eso no quiere decir que los trans no estén en vulnerabilidad, ni que sea una noticia para celebrar, pero sí advierte desde la institucionalidad que no se le debería adjudicar la responsabilidad de la violencia a medidas como el pico y género, y sí, en cambio, a la histórica exclusión de estas comunidades y la cultura de violencia contra estos grupos que hay en la Policía.

Aunque, la vulnerabilidad pasa y se ve también en las historias íntimas de las relaciones de los miembros de la comunidad trans con el sistema de salud. 

La transición en suspenso

Hugo Martín es un joven activista trans en Bogotá. Él, como muchos otros, está en el camino de hacer una transición de rasgos fisiológicos a través de un proceso de inyección hormonal, pero su curso médico se ha visto interrumpido por la pandemia. 

Conseguir una cita de control se ha vuelto imposible, pues desde marzo quedaron parados todos los controles médicos hormonales. 

“Entiendo que el tema prioritario es ahora la pandemia, pero eso no quiere decir que no tengamos otras necesidades de salud pública. Ahora mismo no tengo recetas de hormonas, se me acabaron las inyecciones y, en casos de conocidos, las cirugías de reasignación fueron canceladas hasta nueva orden”, dice.  

Martín cuenta que normalmente tiene que hacerse controles cada tres meses, en los cuales le inyectan testosterona y otras hormonas. Pero con estas citas médicas congeladas, él y sus amigos temen que les aparezcan síntomas por no seguir con ellos. Él mismo ha tenido el hígado sobrecargado y se ha sentido enfermo y cree que esto puede estar asociado a que cambió el ritmo que llevaba de su tratamiento.  

Su caso muestra no sólo cómo muchos procesos médicos importantes para el desarrollo de la personalidad se pararon, sino la relación tensionante que las personas trans tienen en general con el sistema médico y a algunas instituciones del país. 

Por ejemplo, Hugo y otras cuatro personas que entrevistamos para esta historia, coincidieron en que se sienten incómodos frente a la idea de dar sus datos personales en plataformas como Bogotá Cuidadora o CoronApp que buscan controlar el curso de la pandemia.   

“No me siento cómodo poniendo mi dirección, la ciudad donde trabajo o en dónde vivo. Antes me ha pasado que, extrañamente, después de dar mis datos a una plataforma, aparece gente amenazándome en Twitter diciendo que saben dónde vivo y trabajo”, asegura Martín.

En la práctica, eso se traduce en su vida cotidiana en que no publica fotos donde se vea el logo de su empresa o que cuando lo llaman desde algún operador telefónico para pedir sus datos, simplemente se calle y omita su información personal. 

Una encuesta del Ministerio del Interior de 2018 mostró que el 69 por ciento de las personas trans encuestadas piensan que los servicios de salud no les proporcionan atención inclusiva y el 57 por ciento ha decidido no usar los servicios de salud por temor a que su género (como persona trans) afecte la atención. 

Victor Saavedra, consultor en Dejusticia y Fellow del área de tecnología, transparencia y derechos humanos en esa organización, opina que los datos que están pidiendo a día de hoy las aplicaciones de control del virus no se relacionan de modo inmediato a cuestiones discriminatorias. 

Sin embargo, recordó el caso de Corea del Sur, donde tampoco le preguntaban a nadie su identidad de género en las aplicaciones de rastreo, pero al final los datos recogidos daban una información georeferenciada que permitía inferir que algunos casos podían venir de clubes o bares gay, un asunto que salió en los medios de comunicación  y desató una ola de discriminación en el país en mayo pasado.

Laura Weinstein, líder activista trans y Directora Ejecutiva de la Fundación GAAT, se refiere a la discriminación por datos en Colombia con el caso de Alejandra ‘Monocuco’, la mujer trans que falleció asfixiada y esperando atención el pasado mayo en Bogotá. 

Weinstein criticó el uso que se hizo de su información privada cuando esto sucedió.

“Decir que una persona tiene VIH rompe la confidencialidad de las personas trans. Hacer público el diagnóstico, como lo hizo la Alcaldía (de Bogotá) y la prensa, va en contra de la dignidad de Alejandra, incluso ya después de muerta. Habría bastado decir que no la atendieron y murió porque no la podían atender”, dijo la activista.

Ya no se sabrá si fue el covid el que mató a Alejandra Monocuco’, pues su cuerpo fue cremado. Sus cenizas todavía reposan en una funeraria, a la espera de que se reactive el transporte para que puedan viajar de regreso con su familia en Magangué. 

Pero el problema es general, pues no se sabe qué tan duro le ha pegado la pandemia a los trans, pues hoy los registros de defunciones no incluyen la categoría de mujer trans u hombre trans, por lo que, en la práctica, es imposible saber cuántas personas de esta comunidad han muerto durante la pandemia. 

En cualquier caso, este es un problema que viene heredado al menos desde la última Encuesta Nacional del Dane en 2018, que no incluía la variable de mujer u hombre trans en sus registros. Así que ni siquiera se sabe qué tan grande es esta comunidad en el país.

Click to comment

Leave a Reply

avatar
  Subscribe  
Notify of

Más leído

To Top